martes, 22 de enero de 2013

Acampada contra el desplazamiento y los paramilitares


Chiapas. 
Enero de 2013

La historia me la contó el compa Ramiro, del FNLS. Hombres y mujeres, acompañados muchos por sus hijos, tomaron las pocas cosas que pudieron tomar de sus hogares, en Ocosingo, y salieron a prisa para encaminarse a San Cristóbal de las Casas. Un poco iracundos y otro tanto indignados, no les dio tiempo más que de agarrar unas lonas, leña para las madrugadas, algunas cobijas, libretas (por si acaso), materiales útiles y, eso sí, un montón de pancartas. Pero para salir de su geografía, un ejido al que se le conoce como Carrizal, tuvieron que evadir la presencia de personas con armas que bloquean la salida/entrada de la zona.
A los provocadores se les identifica como Los Petules y ORCAO, paramilitares solapados por el Gobierno estatal, cuya imagen se ciñe en la figura de Manuel Velasco Coello. Son esos grupos los que destruyeron la tranca que daba acceso al ejido.
Son esos grupos los que han robado el ganado colectivo de los ejidatarios y son esos grupos también los que agredieron a Julio Gómez López y Ramiro Rodríguez Sántiz en los últimos días de diciembre en El Carrizal.
El conflicto acarrea otros sinsabores. Muchos de los niños no han podido acudir a las escuelas. Al permanecer bloqueado el acceso al ejido, ni ellos pueden caminar a las telesecundarias ni los maestros pueden ingresar a las primarias.
Con todo esto, esos hombres y mujeres que se hicieron acompañar por sus hijos, traspasaron el cerco para salir de Carrizal, extendiendo sus pasos hasta el centro de San Cristóbal de las Casas. Y como si hubiese un acuerdo anticipado, todos se dirigieron a la plaza de la paz, donde ahora se encuentran en un plantón indefinido.
En estos días de enero, lo que figuró durante el levantamiento de la acampada frente a la catedral, fue la insignia FNLS. Era visible: el Frente Nacional de Lucha por el Socialismo se mantiene en pie. Ahora sus integrantes exigen que Manuel Velasco interceda: o abre una mesa de diálogo y desarticula a estos grupos paramilitares, o esos hombres y mujeres, junto con sus hijos, no se retiran de la acampada.
Así van caminando los días en un pequeño recuadro con base de concreto, donde conviven niños y padres de familia. El espacio es diminuto, pero se ve bien organizado, pues caben y comen todos.
Desde el campamento, el FNLS informa a los transeúntes de lo que ocurre en el Carrizal, y dispersa las dudas del por qué la plaza de la paz no está en relativa calma. Y es que los compañeros denuncian públicamente que desde “arriba” se está fraguando el despojo violento de sus tierras en este y otros ejidos como Río Florido y San Agustín.
No obstante, anticipan la detención y encarcelamiento de sus compas, y quieren evitar el asesinato de varios de ellos. Por eso, desde la mesita donde se reparte la información, y sobre la que esperan el acercamiento de alguno de los bloques oficiales del Ejecutivo del Estado, gritan a los defensores de derechos humanos (y de paso al pueblo mexicano), permanecer atentos ante una posible escalada represiva en sus comunidades.
“Estamos esperando que el Gobierno nos llame, y si no nos llama quiere decir que no tiene interés en resolver los problemas, solamente está alentando a esas bandas paramilitares”, se escuchó decir a un hombre de piel morena y temple de acero.

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