miércoles, 1 de mayo de 2013

Nos celebramos todos


La primera frase que se atravesó este día al plantarme frente a ese tsunami de palabras que navegan por la red fue la siguiente: “Los obreros no tienen hambre de pan, sino de respeto”. Mientras un hombre y su círculo como Peña Nieto y el PRI se empecinan en “dirigir” a todo un país “moviendo a México cueste lo que cueste”, allá por las veredas que se tiñen de autonomía, continúa la firme lucha de los trabajadores.
Estados como Guerrero, Chiapas, Michoacán y Oaxaca, están dando cátedra de la reivindicación del trabajo y la resistencia social. Marchas por la dignidad. Y su lucha no es aislada. El pueblo se está articulando para desprenderse del control y la “dirigencia” que somete a este país.
Manifestaciones por todo el orbe: en Colombia, Chile y España han sido reprimidas. Inclusive en Suiza se marchó: sindicatos que exigen ese respeto a los trabajadores.
Por supuesto que las grandes fábricas de la información en México y alrededor del mundo no gustan de los intelectuales que analizan profundamente los acontecimientos recientes (que se generan desde hace años). No encuadran, si siquiera, a los propios protagonistas de este país: el pueblo.
Enrique Peña Nieto y su círculo, en cambio, ostentaron su propio festejo del primero de mayo por “el día del trabajo”. Allí están conmemorando, en un escueto foro recubierto por centenares de policías, dispuestos a matar si alguien osa en oponerse. Allí se encuentran, encerrados los de cuello blanco, de espaldas a la sociedad.  Allí están, empresarios, pseudo dirigentes, políticos, todos ellos con palabras impecables a manera de alfombra roja para un hombre impuesto en la silla real.
Pero se equivocan. Ninguno de ellos habla a los trabajadores de México, sino a las cámaras que pronto se multiplicarán en una especie de noticia trillada.
¿Cuántas veces hemos escuchado las palabras de papel que entonan estos hombres? Al menos en México, porque no cabe duda que en países del cono sur se vive una transformación que busca la dignidad no sólo de los trabajadores, sino del ser humano. Allá, en Suramérica, también hace falta sudar mucho en materia de trabajo, sin duda alguna; sin embargo, hace poco más de una década, países como Venezuela, Ecuador, Argentina, Brasil, Bolivia o Uruguay, vieron en el trato digno e inclusivo, la llave a la nueva era de la humanidad: la autonomía.
Pero no es así en México. Qué tan lejos estamos de los trabajadores y tan cerca de Estados Unidos, ese país que asesinó a un grupo de dirigentes obreros de Haymarket para callar su protesta: una digna causa. Aunque la estrategia no funcionó del todo para los asesinos, puesto que hoy, como cada año desde 1889, gracias al Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional Comunista de París,  se celebra a cada trabajador que tiene este planeta, el sostén de cualquier economía.
Cada uno de nosotros, cada ser humano que contempla en el bien común la forma en que se teje la fraternidad, celebramos a los trabajadores, nos celebramos a nosotros mismos y celebramos la vida en torno a las resistencias que se llevan a cabo a lo largo y ancho del mundo.
Ya lo dijo Eduardo Galeano: en tiempos de neoliberalismo, la actividad más peligrosa del ser humano es el trabajo. Así que pensemos: reivindicar las conquistas logradas hace más de dos siglos por las luchas obreras.


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