miércoles, 9 de enero de 2013

Los pasos de la insurección


En un punto al sur de los mapas, comenzaron a sonar los pasos de la insurrección. Tenían nombre, pero ocultaron el rostro. Se dieron a conocer como Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), cuya afrenta contra el Estado mexicano, aquel 1 de enero de 1994, significó no sólo el desprendimiento del capitalismo en nuestro país, sino además el ingreso a una nueva etapa, en la que la organización social autónoma era la siguiente alternativa.
De esta manera, a través de los años, en México y otras latitudes se comenzó la resistencia a los embates que producía el Tratado de Libre Comercio (TLC),  inspirada en el zapatismo, con la construcción de espacios públicos que activaran diversos colectivos sociales y que, en consecuencia, se articularan con otros organismos civiles ya existentes.
Hoy día, 19 años después del levantamiento zapatista, uno de esos lugares caracterizados por la propagación de ideas respecto de otras formas de vida, más creativas y quizá nunca antes pensadas, se erige con la Universidad de la Tierra (Unitierra) en Chiapas, la cual albergó distintas mentes y corazones forjados en la lucha social.
Fue aquí donde se llevó a cabo por cuatro días consecutivos (30 de diciembre al 2 de enero) el III Seminario Internacional de análisis y reflexión: Planeta Tierra y Movimientos Antisistémicos, durante el contexto de las nuevas acciones pacíficas que emprendió el EZLN, en las que un número cercano a los 40 mil adherentes marcharon de manera pacífica a lo largo de cinco ciudades del territorio maya en México.

El activista mexicano Gustavo Esteva, de larga trayectoria en la defensa de los pueblos originarios, conformó parte de estas voces emancipadoras que se pronunciaron por prescindir del sistema político global, al que definió como protector (con miles de policías operando) de los intereses de las trasnacionales.
“El Estado no es ya un procedimiento para la gestión política, el Estado de hoy es un dispositivo para controlar a la población y proteger al mercado. El capitalismo sufre, además, una forma de regresión: ante el colapso de la economía real, regresa a la fase de despojo absoluto.
Se trata de que todos -expresó- nos organizamos para aprender de manera autónoma, suprimiendo la necesidad de esos aparatos. No se trata de tomar los aparatos del Estado, sino de desmantelarlos, es decir, hacer radicalmente innecesario al Estado mexicano”.
En la formulación de diferentes alternativas de vida, profundizó el autor de Crónica del fin de una era (1994), “existen millones de personas que están reaccionando, ya que esto se trata de cambiarlo a fondo, con palabras y miradas, porque somos las palabras que decimos, y en esta parte tenemos que recuperar el nosotros”.
En el caso específico de México, en palabras de Esteva, culminó ya el Estado de derecho y corresponde ahora la “persecución de los derechos civiles de la gente. Es decir, quienes están en el poder formal, actúan de mala fe”. Pero en esto no estamos solos, la espiral de barbarie recorre el mundo entero”.
Otro de los disertadores, el catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Pablo González Casanova, expuso que las maniobras de resistencia deben integrar la vida del planeta, por lo que propuso el nacimiento de una red de colectivos que configure la organización mundial en defensa del territorio y la Tierra.
Planteó además que hoy día se atraviesa por una crisis de espectro amplio, “que implica más que la economía, y tendrá que resolverse de manera permanente. La propiedad y la fuerza, dos formas en que ha transformado al mundo el capitalismo, destruyen las mediaciones entre los seres humanos”.
Mientras las palabras en este seminario fluyeron en sentido al replanteamiento de la realidad que se impone de manera salvaje, que hostiga y extermina al ser humano y su entorno, el EZLN anunciaba el fortalecimiento de sus vínculos con otras organizaciones autónomas.

Dicho pronunciamiento sostuvo las palabras del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, emitidas “a quien corresponda” el 21 de diciembre de 2012,  luego de las movilizaciones en Ocosingo, Palenque, San Cristóbal de las Casas, Altamirano y Las Margaritas, en total silencio, las cuales preguntaban y respondían a la vez: “¿Escucharon? Es el ruido de su mundo derrumbándose. Es el resurgir del nuestro”.
“Hoy sólo se puede vivir luchando”, insiste Gustavo Esteva. “Tenemos que recordar lo que nos dijeron los zapatistas: sólo somos hombres y mujeres ordinarios y por eso somos rebeldes, inconformes y soñadores”.
Los procesos de resistencia y lucha continúan con vida en un punto al sur de los mapas, donde los rostros ocultos mantienen ojos abiertos y se declaran en alerta.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Se va un asesino y… ¡Llega otro!


Eres incapaz de reconocer el estallido de un tiempo, el mismo por el que atraviesa tu juventud y las juventudes de otras edades. Estás mirando impávido un hogar descompuesto, masacrado y, a todas luces, absorbido por la indiferencia. Eres partícipe de tu entorno, pero ¿de cuál? Tú, pueblo de México, te estás integrando al sistema de la desesperanza y a esos convenios internacionales de la exterminación. Estás soportando una barbarie que no imaginaste y que se implantó como programa de seguridad nacional. Estás adquiriendo una visión normalizada de la muerte. Pero no aquella muerte genuina y, en algunos casos, por voluntad, sino en el escenario de la muerte por la muerte, la sanguinaria, monstruosa, feroz. Es el territorio en llamas. La muerte por la muerte. Existen voces que avanzan en contra línea, aquellas que mueren de dolor por un hijo asesinado, un amigo desaparecido o un familiar desplazado. Esas voces persisten en hacerle una grieta a la memoria, para que los nombres de sus muertos y desaparecidos se incluyan en la lista de civiles y no en la explanada donde se produce la guerra.
Las voces de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos (as) en México, se pronuncian de manera implacable contra Felipe Calderón, quien en cuestión de horas abandonará este territorio incendiado, para llegar a la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard.
“Nuestros reclamos serán tu sombra y te seguirán adonde vayas. No tendrás reposo, ni te vamos a dejar dormir hasta que la justicia llegue con nuestros hijos e hijas”, dicen con fuerza.
Lo mismo sucede con Trinidad Ramírez, doña Trini, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco, quien no duda en afirmar que se va un asesino, pero llega otro: Enrique Peña Nieto.
Y así, un cúmulo de expresiones derivadas en reclamos se ciñe sobre estos dos hombres que pretenden eclipsar la memoria de este pueblo, capaz de pasar desapercibido el grito de dolor de miles de familias inmersas en la locura que erige la muerte.
Tú, pueblo de México, puedes tolerar el yugo intervencionista, puedes mostrarte indiferente y rapaz contra el indigenismo, puedes ser avasallante contra quien te han hecho conocer como la clase improductiva; también puedes criminalizar a esos nómadas, sucios y desaliñados, que se desplazan por las vías del ferrocarril o ser determinante en catalogar a todos esos presos en el inframundo de la sociedad. Y también puedes acostumbrarte al policía vejando a los habitantes de una comunidad.
Todo eso y más toleras pueblo de México. Pero ¿también eres capaz de asumir que este día se vaya un asesino y llegue otro?

lunes, 12 de noviembre de 2012

Adiós a Manuelito ¿Acaso por negligencia médica?



Apenas se desvanece la vida -material- de Manuel Vázquez Luna, miembro y portavoz de la organización pacifista de Las Abejas, sus compañeros reafirman la propagación de una autonomía cada vez más sólida y, para furia de unos cuantos, visible.
“Manuelito” -como se le conoce en la intimidad de la resistencia indígena- tenía un tumor cerebral que le fue detectado en 2009, lo que lo mantuvo bajo quimioterapias y radioterapias en el Instituto Nacional de Neurología y Neuropsiquiatria (INNN) de la Ciudad de México.


Pero el 22 de octubre pasado tuvo que ingresar al Hospital de Las Culturas, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Bastaron poco más de dos semanas para que Manuelito falleciera (10 de noviembre de 2012).
En su informe, Las Abejas denuncian negligencia al interior de este nosocomio, un complejo del que bien habló el saliente (incluso, al parecer, del país) Felipe Calderón, hace dos años, cuando lo inauguró.
El Hospital beneficiaría “a más de 600 mil” habitantes de unos 20 municipios que conforman Los Altos de Chiapas; sin embargo, tal parece que las cifras fallaron con una de estas personas, en la humanidad de Manuelito.
“Estamos indignados, aunque quizá la enfermedad de Manuelito ya no tenía alternativa, pero eso no quería decir que se le tratara con discriminación, ni que fuera víctima de negligencia médica como lo sufren muchos otros y otras pacientes en el mencionado hospital (…) El problema es que el sistema de salud mexicano es ineficiente y no está pensado para una salud digna”, refieren Las Abejas.
Entre otras denuncias, Las Abejas refieren que en dicho hospital les obligan a pagar el Seguro Popular, “pero como organización no estamos de acuerdo con este programa ya que es nuestro derecho decidir o no aceptar y esa decisión de nuestra organización nos la tienen que respetar. El programa de Seguro Popular no lo rechazamos por ignorancia, sino, porque es una imposición y política de privatización de la salud (sic)”.
Entonces -preguntan-  ¿Por qué le pusieron “Hospital de Las Culturas, si no respeta nuestra cultura de pueblo originario? ¿O de cuál “cultura” hablan? Esta actitud del personal del hospital es una falta de respeto a la dignidad humana.
Como en el caso de cientos de miles por todo el país, Manuelito fue un paciente más en un hospital más. Él, que sobrevivió incluso a la masacre perpetrada hace casi 15 años en Acteal; él, que ya no encontró con vida a sus padres después de aquel 22 de diciembre de 1997; él, que no pudo contar la tragedia a sus hermanos, muertos también en la escena; él, no logró ya resistir la vergüenza de tan alevoso sistema de salud.
Sin embargo, ahora se conserva como el guardián de la memoria y el caminar indígenas, en aquellos rumbos de Los Altos de Chiapas.
“Hermano y compañero Manuelito, así como empezamos escribiendo este documento que el sistema de salud aquí en nuestro México no nos ayuda a nosotros los pueblos originarios, tú mismo fuiste testigo en uno de los hospitales de cómo es su atención y servicios. Manuelito cuéntale todo eso a nuestro Papá-Mamá Dios y pide por nosotros y nosotras tus hermanos que sigamos firmes en la construcción de la paz con justicia y dignidad; que nunca nos dé miedo denunciar las injusticias y crímenes de los malos gobiernos”.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Profundo y certero, así se despide Eduardo Galeano



Los trabajadores de todo el mundo se juegan la dignidad y la vida. Por ello, el escritor Eduardo Galeano convocó a la reflexión sobre el papel de estos en los tiempos del neoliberalismo: “No hay nada más peligroso que el trabajo”, reafirmó.
Con estas palabras, profundas y certeras, el autor uruguayo despidió las actividades del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), que llevó a cabo durante cuatro días en la Ciudad de México.
Galeano fue incisivo, frente a un recinto colmado en su mayoría por jóvenes estudiantes, al tiempo en que compartió una compilación de textos escritos hace unos meses, intitulado ‘Los derechos de los trabajadores ¿Un tema para arqueólogos?’, pero cuyo contenido sigue vigente.
“En estos tiempos de crisis en los que, más que nunca, los derechos están siendo despedazados por el huracán que se lleva todo por delante, que castiga el trabajo y en cambio recompensa la tripulación que está arrojando al tacho de la basura más de dos siglos de conquistas obreras”.
Durante su ponencia, expuso cómo aquellos dirigentes de Estados Unidos, el país que propaga las libertades humanas, implementan formas agresivas de trabajo con la finalidad de que se extiendan a los confines del orbe.
“En sus campañas electorales del año 2000, los candidatos Bush y Gore, coincidieron en  la necesidad de seguir imponiendo en el mundo el modelo norteamericano de relaciones laborales. ‘Nuestro estilo de trabajo -como ambos lo llamaron- es el que está marcando el paso de la globalización que avanza con botas de siete leguas y entra hasta los más remotos rincones del planeta’”.
Unos días antes, el también ensayista había presentado su más reciente obra “Los hijos de los días”, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ahora, como parte de las disertaciones del CLACSO, exhibía su indignación por los nuevos tiempos colmados de viejas costumbres.
“Es la continuación de la época colonial en una escala jamás conocida. Los pobres del mundo siguen cumpliendo su función tradicional: proporcionan brazos baratos y productos baratos”.
Los ejemplos sobre la vulnerabilidad de los trabajadores en tan variadas épocas fueron vastos. “A los asesinatos de los obreros pobres –dijo- se les denomina ahora accidentes laborales”. Sus palabras viajaron por Estados Unidos, Malasia, Tailandia, Indonesia, China, Brasil, Argentina, Francia e Inglaterra. México también fue una escala.
“Desde que Ernesto Zedillo dejó la presidencia de México, pasó a integrar los directorios de la Union Pacific Corporation y del consorcio Procter and Gamble. En idioma tecnocratés, se indigna contra lo que llama la imposición de estándares laborales homogéneos en los nuevos acordes comerciales. Traducido, eso significa: olvidemos de una buena vez toda la legislación internacional que todavía protege más o menos, menos que más, a los trabajadores. El presidente jubilado cobra por predicar la esclavitud”.
Con una participación de alrededor de 30 minutos, Galeano advirtió que, hoy día, no hay en el mundo nada más inseguro que el trabajo, encabezado por quienes se hacen llamar empresarios.
Son estos también, quienes convienen impulsar el miedo a perder el trabajo, dejando que los países y las personas compitan en lo que puedan.
“¿La estabilidad laboral y los demás derechos de los trabajadores será, de aquí a poco, un tema para arqueólogos? En el mundo al revés la libertad oprime. La libertad del dinero exige trabajadores presos, presos de la cárcel del miedo. El dios del mercado castiga ¿Quién está a salvo del pánico de ser arrojado a las largas colas de quienes buscan trabajo?”.

lunes, 21 de mayo de 2012

El Suicida



No quedará en la noche una estrella. 
No quedará la noche. 
Moriré y conmigo la suma 
del intolerable universo. 
Borraré las pirámides, las medallas, 
los continentes y las caras. 
Borraré la acumulación del pasado. 
Haré polvo la historia, polvo el polvo. 
Estoy mirando el último poniente. 
Oigo el último pájaro. 
Lego la nada a nadie


Poema en video: El suicida de Jorge Luis Borges por Eduardo Lizalde

domingo, 20 de mayo de 2012

Mayo... Una vez más



Éramos miles. Despertando, retornando el poder a esta Nación. Aquello era algo insólito. Hombres y mujeres bajo un fin común ¡México libre!
La cantidad de gente congregada fue evidente; sin embargo, eso no fue lo esencialmente esperanzador, sino la gran fuerza que se mueve por debajo de los manifestantes: una consciencia emancipadora.
Enrique Peña Nieto concentra los motivos por los cuales los mexicanos manifestamos una postura, aquella en la que no tiene cabida el autoritarismo, la represión, la intolerancia, la no aceptación a la diversidad y, por supuesto, la dominación que hace largo tiempo nos ha tenido en somnolencia.
Mas, este personaje es sólo el instrumento.
Así que durante la marcha se emitieron las más diversas consignas en su contra, así como los grupos de la más variada procedencia. Uno de ellos, el que conmovió la manifestación, fue el de San Salvador Atenco, que con machetes en mano y por bandera a Zapata, rebasó el umbral de un recuerdo lejano y distante: “¡Atenco, hermano, nosotros no olvidamos!” se exclamó en el Ángel de la Independencia.
Una juventud estridente, lo que se necesita para vivir una transición en el país, llenó de algarabía las calles de la Ciudad de México. Y con ello, naciones enteras contemplaron lo sucedido en el ombligo del universo.
La exigencia de miles de voces hecha un solo cuerpo cimbró al mundo. La noticia es que México está despertando.
Y el punto de partida fue la ‘revuelta’ que se produjo en la Universidad Iberoamericana, el mismo día en que el priista acudió a esa casa de estudios. Un día de mayo… Una vez más, como aconteció aquel año del 68 y como factor principal, Francia.
A partir de aquel 11 del quinto mes, dichas acciones encontraron reacción en el resto de los universitarios y, en general, del país.
Así se produjo esta gran movilización, que inició en el Zócalo para dirigirse al Ángel de la Independencia, y que se mantiene viva, porque las marchas continúan, la energía mexicana apenas inicia y nos encaminamos hacia nuestro despertar.

viernes, 18 de mayo de 2012

Adiós



La muerte fue tan alevosa con Carlos Fuentes Macías, que el pueblo de México tuvo que responder para despedirlo en el Palacio de Bellas Artes. Sin embargo, para él, siempre fue “la compañera inevitable”.
Centenares de personas colmaron los alrededores del recinto de cultura, no bajo la frivolidad de plantarse frente a un féretro, ya de por sí venerable, sino para hacer propio un momento para la historia en el latir del corazón mexicano, algo que esos eventos protocolarios nunca habrán de contemplar.
“Carlos es del pueblo, las letras que escribió Carlos fueron para el pueblo. Déjenos pasar”, exclamó una voz sentida y detrás del cerco que colocó el Estado Mayor Presidencial, cuyas vallas impidieron el acceso a su homenaje, de cuerpo presente, durante más de una hora.
Y precisamente el pueblo contemplaba el paso de escritores y amigos como Elena Poniatowska o Xavier Velasco, intelectuales, artistas, autoridades culturales y políticos, esos mismos que siempre se sintieron incólumes pero un tanto incómodos en palabras del mismo Fuentes en una entrevista.
Entonces, aquello comenzó a hervir: “Fuera Calderón, fuera Calderón”, se exclamaba. Mientras tanto, el propio presidente, al interior del Palacio, ensordeció durante la guardia de honor que llevó a cabo junto a su esposa, Margarita Zavala, Marcelo Ebrard y Silvia Lemus.
Afuera proseguían los sentimientos de la gente. Muestras de cariño, fotografías de Carlos Fuentes durante alguna firma de libros, aplausos que avivaban ese homenaje oficial, personas que allí sintieron ser Artemio Cruz, y, ante todo, una resistencia incomparable, luego de que después de permanecer varias horas a la espera, al fin el pueblo pudo pasar al recinto, no sin tener que forcejear con los guardias de la entrada. Claro, políticos y autoridades culturales ya habían marchado.
El féretro, colocado en el vestíbulo, portaba la bandera nacional. No faltó quien lo cobijara con sus propios libros: un ejemplar de “Aura” yacía sobre él.
Una fotografía suya acompañaba el marco fúnebre, así como el lapso tan corto en que nos deleitó con su obra: “Carlos Fuentes. 1928-2012”.
Más y más aplausos. Esa fue la manera en que la sociedad se apropió del escritor, su escritor.
Carlos Fuentes Macías vio en la unión del hombre un impecable modo de trascendencia, y en Bellas Artes, reunió a todo un pueblo.