lunes, 21 de mayo de 2012

El Suicida



No quedará en la noche una estrella. 
No quedará la noche. 
Moriré y conmigo la suma 
del intolerable universo. 
Borraré las pirámides, las medallas, 
los continentes y las caras. 
Borraré la acumulación del pasado. 
Haré polvo la historia, polvo el polvo. 
Estoy mirando el último poniente. 
Oigo el último pájaro. 
Lego la nada a nadie


Poema en video: El suicida de Jorge Luis Borges por Eduardo Lizalde

domingo, 20 de mayo de 2012

Mayo... Una vez más



Éramos miles. Despertando, retornando el poder a esta Nación. Aquello era algo insólito. Hombres y mujeres bajo un fin común ¡México libre!
La cantidad de gente congregada fue evidente; sin embargo, eso no fue lo esencialmente esperanzador, sino la gran fuerza que se mueve por debajo de los manifestantes: una consciencia emancipadora.
Enrique Peña Nieto concentra los motivos por los cuales los mexicanos manifestamos una postura, aquella en la que no tiene cabida el autoritarismo, la represión, la intolerancia, la no aceptación a la diversidad y, por supuesto, la dominación que hace largo tiempo nos ha tenido en somnolencia.
Mas, este personaje es sólo el instrumento.
Así que durante la marcha se emitieron las más diversas consignas en su contra, así como los grupos de la más variada procedencia. Uno de ellos, el que conmovió la manifestación, fue el de San Salvador Atenco, que con machetes en mano y por bandera a Zapata, rebasó el umbral de un recuerdo lejano y distante: “¡Atenco, hermano, nosotros no olvidamos!” se exclamó en el Ángel de la Independencia.
Una juventud estridente, lo que se necesita para vivir una transición en el país, llenó de algarabía las calles de la Ciudad de México. Y con ello, naciones enteras contemplaron lo sucedido en el ombligo del universo.
La exigencia de miles de voces hecha un solo cuerpo cimbró al mundo. La noticia es que México está despertando.
Y el punto de partida fue la ‘revuelta’ que se produjo en la Universidad Iberoamericana, el mismo día en que el priista acudió a esa casa de estudios. Un día de mayo… Una vez más, como aconteció aquel año del 68 y como factor principal, Francia.
A partir de aquel 11 del quinto mes, dichas acciones encontraron reacción en el resto de los universitarios y, en general, del país.
Así se produjo esta gran movilización, que inició en el Zócalo para dirigirse al Ángel de la Independencia, y que se mantiene viva, porque las marchas continúan, la energía mexicana apenas inicia y nos encaminamos hacia nuestro despertar.

viernes, 18 de mayo de 2012

Adiós



La muerte fue tan alevosa con Carlos Fuentes Macías, que el pueblo de México tuvo que responder para despedirlo en el Palacio de Bellas Artes. Sin embargo, para él, siempre fue “la compañera inevitable”.
Centenares de personas colmaron los alrededores del recinto de cultura, no bajo la frivolidad de plantarse frente a un féretro, ya de por sí venerable, sino para hacer propio un momento para la historia en el latir del corazón mexicano, algo que esos eventos protocolarios nunca habrán de contemplar.
“Carlos es del pueblo, las letras que escribió Carlos fueron para el pueblo. Déjenos pasar”, exclamó una voz sentida y detrás del cerco que colocó el Estado Mayor Presidencial, cuyas vallas impidieron el acceso a su homenaje, de cuerpo presente, durante más de una hora.
Y precisamente el pueblo contemplaba el paso de escritores y amigos como Elena Poniatowska o Xavier Velasco, intelectuales, artistas, autoridades culturales y políticos, esos mismos que siempre se sintieron incólumes pero un tanto incómodos en palabras del mismo Fuentes en una entrevista.
Entonces, aquello comenzó a hervir: “Fuera Calderón, fuera Calderón”, se exclamaba. Mientras tanto, el propio presidente, al interior del Palacio, ensordeció durante la guardia de honor que llevó a cabo junto a su esposa, Margarita Zavala, Marcelo Ebrard y Silvia Lemus.
Afuera proseguían los sentimientos de la gente. Muestras de cariño, fotografías de Carlos Fuentes durante alguna firma de libros, aplausos que avivaban ese homenaje oficial, personas que allí sintieron ser Artemio Cruz, y, ante todo, una resistencia incomparable, luego de que después de permanecer varias horas a la espera, al fin el pueblo pudo pasar al recinto, no sin tener que forcejear con los guardias de la entrada. Claro, políticos y autoridades culturales ya habían marchado.
El féretro, colocado en el vestíbulo, portaba la bandera nacional. No faltó quien lo cobijara con sus propios libros: un ejemplar de “Aura” yacía sobre él.
Una fotografía suya acompañaba el marco fúnebre, así como el lapso tan corto en que nos deleitó con su obra: “Carlos Fuentes. 1928-2012”.
Más y más aplausos. Esa fue la manera en que la sociedad se apropió del escritor, su escritor.
Carlos Fuentes Macías vio en la unión del hombre un impecable modo de trascendencia, y en Bellas Artes, reunió a todo un pueblo.